Nino Bravo A Fondo

 

Vicente López: "'Te amaré' estaba inspirada en la novia de Nino Bravo"

Entrevista por Darío Ledesma

 

   Sábado por la tarde en la localidad costera de Benidorm. Entro con Vicente en una cafetería cercana a su domicilio. Está dispuesto a regresar a los años 70, a una época de absoluta felicidad en la que compartió inolvidables momentos con el que aún considera su mejor amigo.

   Los allí presentes conocen a Vicente como uno más de los vecinos del barrio. Pocos saben de la deuda que el pop español tiene con este alicantino que ha dedicado su vida a la música. Sin él, posiblemente hoy no hablaríamos de Nino Bravo, porque Nino Bravo, la estrella musical, no existiría tal y como la conocemos.

   Vicente López conoció a Luis Manuel Ferri en el valenciano barrio de Sagunto. Ambos vivían en la misma calle, y la coincidencia inició una amistad que aún hoy, más de tres décadas después de la muerte del cantante, continúa. Vicente fue el bajista de su conjunto, "Los Superson", además de letrista de algunas de sus canciones más recordadas como "Vivir", "Puerta de amor", "Hoy soy feliz" o "El amor". Acompañó a Nino toda su vida, compartiendo ilusiones, proyectos y vivencias que aún hoy guarda con gran recuerdo.

   Comienza la conversación. Un diálogo en el que Vicente me descubre anécdotas nunca antes compartidas. Hablamos de sus inicios, de sus primeras composiciones, de lo que le inspiraba para escribir sus canciones y de los momentos amargos, entre otras muchas cosas. Gracias a Vicente descubro el valor de la amistad para Nino, y la exigencia con sus músicos y consigo mismo. Escucho de forma atenta cada una de sus palabras, agradecido por la deferencia de concederme su primera entrevista en muchos años...

 

   ¿Cómo conociste a Luis Manuel Ferri?

   Con nueve o diez años, mi padre y yo nos fuimos a vivir a la calle Visitación. Allí formamos la pandilla de amigos, y entre ellos estaba Manolito. Íbamos de los 10 a los 14 años. Estábamos en el barrio, jugábamos al fútbol en la placeta… Éramos todos amiguetes: mi primo Paquichi, Paquito Ramón, Manolito… Jugábamos a todo lo de la época, hasta que nos fuimos haciendo un poco más mayores, cuando empezamos con la música.

   ¿Nino era tímido en aquella época?

   No es que fuera tímido, sino reservado. Cuando éramos más mocitos, yo estudiaba el bachillerato en la academia ‘Castellano’, de la calle Guillem de Castro, y él entró en el oficio de joyero. De los 10 o 12 amigos, estudiábamos cuatro, ya que mi primo era escayolista, él iba para joyero, etc. Los que estudiábamos éramos un poco más abiertos en ese sentido.

   Muchas biografías citan una excursión en la que descubristeis a Nino cantando…

   Sí, nos fuimos de excursión Nazario, Paquito Ramón, Manolito y yo. Creo que fue por Denia, en una zona montañosa. Por la noche habíamos jugado al ‘truc’; Paquito Ramón y yo contra él y Nazario. Habíamos quedado en que, el que perdía, lavaba los platos. Perdimos nosotros. A las seis de la mañana salimos de la tienda y nos pusimos a lavar los platos en un arroyuelo que había. Manolito se subió arriba y se puso a cantar al aire libre la canción ‘Libero’ de Domenico Modugno. Allí me di cuenta yo de que mi amigo había nacido para cantar. Creo que eso fue a los 16 años. Él ya tenía que estar con “Los Hispánicos” porque, para cantar ese ‘Libero’, tenía que haberlo estudiado.

   ¿Cómo nacieron “Los Superson” en su formación original?

   Nacieron por casualidad. Yo tenía un amigo llamado Saturnino Naredo Fernández, al que llamábamos ‘Nino’. Él iba en una rondalla del barrio, eran estudiantes. Un tal José Bosch tocaba la bandurria. Naredo me dijo “¿Tú te quieres venir a la tuna?”. Yo le contesté que no sabía tocar nada. “Da igual, coges la pandereta”. Así comencé con ellos, y empezamos a irnos por ahí de rondalla. Cantábamos a las chicas de nuestro barrio, y a las de otros barrios que conocíamos. Recuerdo perfectamente que yo empecé a cambiar aquello. Junto con Naredo, que rascaba, y Pepe Bosch, que punteaba, yo cantaba ‘What’d I Say’ de Ray Charles después de haber cantado ‘Clavelitos’ y cosas de esas. Claro, yo pensé: “Éste rasca la guitarra y el otro puntea. Si busco un batería y yo aprendo el bajo, podemos formar un conjunto”. Así es como formé “Los Superson”. En un concurso organizado en la Terraza Rosales, de las Torres de Quart, conocimos a ‘Charly’, Carlos Lardíes. A partir de ese momento se convirtió en el cantante.

   ¿De dónde viene el nombre de “Los Superson”?

   El nombre lo puse yo. Se me ocurrió de golpe, por dos razones: una, porque “Superson” es como “superación del sonido”. Y, además, “son” superiores (risas).

   ¿Cómo se incorporó Luis Manuel al conjunto?

   Creo que Carlos Lardíes fue de los primeros a los que les tocó la ‘mili’. Yo me libré por excedente de cupo. Ya en aquel entonces estábamos Saturnino Naredo, José Bosch, el batería Salvador Pelejero y yo. Yo hablé con Manolito y con mis compañeros. Acabábamos de comprar un equipo de sonido. Yo dije que iba a venir Manolito de cantante, pero ellos querían que pusiera la parte que le correspondía del nuevo equipo. Yo era ‘cabezón’ y no permití que lo hiciera. Empezó a venir un par de veces a la semana y ensayaba con nosotros. Fue entonces cuando nos contrató la Sociedad Hípica de Valencia y ya comenzamos a actuar con él.

   ¿Es cierto que “Los Superson” llegaron a realizar actuaciones íntegramente en valenciano, y que se envió una grabación de ellas a Edigsa?

   Eso no lo sé, y me extraña que no lo recuerde. Yo no recuerdo haber escuchado a Nino cantar en valenciano. No teníamos canciones propias en valenciano. Pepe y yo empezamos a componer cuando Nino sacó el primer LP, antes no compusimos ninguna.

   ¿Por qué se desanimó tanto en el servicio militar?

   En la mili se desanimó porque estuvo pensando, y decidió que ya no volvería a la música. Por aquel entonces Saturnino, que ya no estaba con “Los Superson”, había alquilado una casa con huerto. En ese huerto había un cuarto donde teníamos los discos y hacíamos los guateques con las chicas. Allí preparé varios LP’s: de Tom Jones, de Elvis Presley, de Sinatra, de Humperdinck, de John Rowless… Le puse los discos, y le dije: “Si a ti te hacen canciones así, tú triunfas”. Él me dijo: “Pero si vamos, ¿vamos a por todas? ¿Caiga quien caiga?”. Yo asentí, y nos dimos la mano. Así lo convencí para que volviera a la música.

   ¿Es cierto que “Los Superson” llegaron a grabar discos con el cantante Tony Bernan?

   Sí. A Tony lo llevaba Miguel Siurán. En ese disco pusimos dos canciones, “Un tipo duro” y “Así me gusta vivir”. Cuando nos pusimos a grabar, yo estaba muy nervioso y el director, Ferrer, se dio cuenta. Al final mis compañeros grabaron pero yo no. Se grabó junto con una orquesta y salimos en la tapa trasera. Tony Bernan aparece delante, y detrás estábamos los cuatro “Superson”.

   ¿Cómo surgió el nombre de Nino Bravo?

Se lo puso Miguel Siurán. No sé si fue porque le gustó el nombre de “Nino” Naredo, el guitarra, y luego pensaría “¡Bravo!” por lo que decía la gente cuando cantaba. “Nino Bravo”. Fue Miguel Siurán quien le puso ese nombre.

   La primera canción que le compusisteis Pepe y tú, “Te amaré”, no salió en su momento…

   Sí, salió después de su muerte. ¿Sabes en quién está inspirada? En Amparo, su novia. La letra es mía: “Parece fácil decirte qué loco estoy por ti, parece fácil decirlo más no lo es para mí. Alguna vez podré vencer mi timidez, y entonces yo conseguiré tener tu amor…”. Nino me dijo: “¡No me escribas canciones sobre mí!”. Claro, Nino estaba enamorado, pero él era como era, y escribí “Te amaré” para que se diera cuenta de las cosas.

   ¿Cuál es la historia de “Puerta de amor”?

   Un día estábamos en el barrio de Sagunto, en el bar Sandro, propiedad de un amigo llamado Remigio. Allí, Jesús Carsí, nuestro rol-manager, me comentó que se iban a Madrid para grabar una versión de un tema inglés. Me dejó la cinta. Yo me senté en la terracita y, mientras me tomaba una copa, me puse a escribir mi versión de “Puerta de amor”. Cuando ya se iban para Madrid le di la letra que acababa de hacer. En aquella época no se podía hablar claro, pero ya os podéis hacer una idea de lo que era “la puerta del amor”: ‘un pueblo llamado Libertad’, ‘te siento dentro de mí’… Me dijeron que había otros cuatro tipos escribiendo versiones de “Puerta de amor” para que Nino la grabara. Cuando volvieron, días después, Jesús me dijo: “Con que la puerta del amor, ¿eh?”. Así supe que habían grabado mi versión (risas).

   ¿Algunas veces firmabas autógrafos en su nombre?

   En esos casos siempre ponía “p.o.”, es decir, “por orden”. Por ejemplo, cuando llegué a Benidorm, la mitad de bares tenían una foto de Nino Bravo. En ellas podías leer “Dedicada al bar tal, con cariño de Nino Bravo”. Pero arriba ponía “p.o.” (risas).

   ¿Cómo contactó con Pepe Meri, su segundo manager?

   Yo conocía a Meri de antes, porque cuando teníamos a Carlos Lardíes de cantante me presentaba en el bar Ruzafa, al lado del Teatro Ruzafa, preguntando por los representantes. Conocí a Meri, y un día me presenté con un disco de Nino en la discoteca “Bruno’s”. Le conté la historia a Meri y él me dijo que me pasara al día siguiente. Su mujer había sido cantante, y cuando volví, dijo “Dice mi mujer que sí”. “Pues a hacerte representante nuestro”, le dije. Aquello fue un gran paso.

   Nino fue tu padrino de boda. ¿Qué es lo que recuerdas de aquel día?

   Yo me casé a los 15 días de su boda, así que me preguntó qué quería. En Valencia había una boutique que se llamaba “Don Carlos”, en la Plaza del Caudillo, y allí me pagó el traje. Me compró un traje color lila, una camisita de seda, una corbatita, unos zapatos… Cuando llegué a casa vi que también me había comprado un televisor. El convite de mi boda lo celebramos en un restaurante en la playa de Las Arenas, y vino hasta el cura. Cuando mi padre fue a pagar el convite, le dijeron que ya lo había pagado el padrino. De allí cogimos el coche y nos fuimos de viaje las dos parejas.

   Actuasteis una semana entera en el Parque de Atracciones de Montjuich. ¿Guardas alguna anécdota de esos conciertos?

   Recuerdo que había muchos artistas famosos, y una vez vinieron “Formula V”. Según me habían dicho, en el contrato se decía que la figura era Nino Bravo. Les dije que tenían que dejarnos su batería, y les pegué una bronca. Y cuando se enteró Nino me dijo “Vicenteeee…”. Luego resulta que Nino había hecho coros en una de las canciones de “Formula V” en el estudio. Igual que pasó en Albacete, donde Nino iba de figura a la feria, y vinieron la hija de Concha Piquer y Massiel. Una de ellas le dijo “Déjame que termine yo el show”, y la otra también le dijo algo. Se las quedó mirando y dije “Eso lo vamos a arreglar. Nosotros vamos a cerrar la primer parte, y en la segunda parte que empiecen los Hermanos Calatrava y luego Massiel”. Claro, con el cachondeo de los Calatrava… Pero bueno, nosotros nos defendíamos.

   ¿Nino era exigente?

   A mí me exigía mucho. Cuando le hice “Puerta de amor”, me trajo el LP firmado por él. El primer tema era “Puerta de amor”, con letra mía, y dentro había dos canciones mías más. Me puso “Para que aprendas a trabajar y superarte”, como exigiéndome más. Le dio por firmarme ese disco, dentro de las tapas, y allí me lo puso.

   ¿Te ofreció ir con él a Madrid el fatídico 16 de abril?

   Sí. Una noche nos reunimos Pepe Juesas con su mujer, Nino con la suya y yo con la mía, además de las tres hijas que los matrimonios teníamos. Esa noche, que era sábado, a mi niña le entró una fiebre fuertísima y me la tuve que llevar corriendo al Hospital de La Fe. La ingresaron, así que le dije a Pepe: “En vez de ir yo con Nino y el Dúo Humo a Madrid, ve tú por mí”. Después vino el accidente…

   ¿Cómo te enteraste de su fallecimiento?

   Manu, su cuñado, me dio la noticia por teléfono. Fue muy fuerte. Me acuerdo que me puse un traje, no sé por qué, y estuve por Valencia dos o tres horas andando. Manu me decía que, si hubiera ido él conduciendo, no hubiera pasado. Puede que fuera el destino…

   ¿Crees que se le reconoció lo suficiente en vida?

   Hombre, lo que es indudable es que, en vida, se firmaron ya muchos contratos como figura principal en espectáculos. En la mayoría, fuera quien fuera, él era el principal. Pero por muy famoso que fuera y muchos discos que vendiera, lo que no podemos comparar es el mito que se hizo tras su muerte. Es distinto. ¿Reconocerlo? Sí, porque allá donde íbamos estaba lleno, la gente iba a verlo. Para mí hubo un cambio muy fuerte entre él, Raphael y Camilo Sesto, porque Nino era brusco, muy varonil, y aquéllos muy ‘delicados’.

   ¿Qué sentiste al actuar de nuevo junto a Nino en el homenaje que se le hizo en la Plaza de Toros de Valencia?

   A mí me hicieron una foto que salió en el periódico en la que estoy llorando. A ver, qué ibas a hacer… Era un sentimiento muy fuerte. Eran muchos sentimientos… Se nos había ido un amigo, pero a la vez se habían truncado nuestras ilusiones. Después de eso, “Los Superson” hicimos lo que pudimos por ahí. Juan Bau y Encarnita Polo se juntaron en una gira, y me llamaron a mí por ser el bajista de Nino Bravo. En esa gira, todos los músicos estaban en un lado del escenario y yo en otro, de tal forma que, cuando nos presentaban, decían “¿Se acuerdan de Nino Bravo? ¿Se acuerdan de “Puerta de amor”, de “Vivir”…?”. Entonces yo me levantaba. Yo ya no tenía conjunto ni nada, y al terminar la gira, el batería me dijo que había un contrato en Benidorm con un tal Marco Antonio. Toqué cinco o seis años con él. El batería, Marco Antonio y yo ensayábamos en mi casa las canciones que teníamos presupuestadas con el pianista y la otra cantante, y actuamos en un restaurante dos o tres años.

   ¿Alguna vez has hecho algún homenaje particular a tu amigo?

   Hice un homenaje a Nino que grabó Marco Antonio. Compuse “Adiós, adiós” después de la muerte de Nino, con música de Pepe Juesas. “Desde que tú no estás, qué gran dolor. Desde que tú no estás, desilusión. ¡Qué triste es el vacío de tu ausencia, aunque vivo rodeado de tu esencia! Amigo, yo jamás te olvidaré. Desde nuestra niñez juntos los dos, hoy recuerdo el ayer con emoción. Seguiste tu camino y nos dejaste; de tu marcha, el destino fue culpable. Amigo, yo jamás te olvidaré. Adiós, tan sólo un adiós. Estás al fin muy cerca de Dios; adiós, amigo, adiós”. Fue la primera letra que hice después de su muerte. Luego hice algunas canciones que han grabado por aquí Pepe Moreno, Marco Antonio y otro chaval. En esas yo hacía ya música y letra. Si hubiera estado Nino, las habría grabado él. Por ejemplo, tengo una que sé que le hubiera encantado a él, “Mediterráneo”, cuya letra dice así: “Sé de un lugar de fascinación, lleno de luz y color, donde la luna despierta al sol y hablan de amor reflejándose en el mar. Donde las flores desprenden un nuevo aroma escondido, el arcoiris dibuja colores retorcidos. Mediterráneo y sus bellas costas, la tierra levantina, paraíso junto al mar. Mediterráneo y sus bellas costas, llenas de aroma de azahar”. ¡La banda de Líria con Nino cantando eso hubiera sido algo impresionante! Yo sé que él no grababa pasodobles, pero este lo hubiera grabado, ya lo creo.

   Por último, y para terminar… ¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas de Nino?

   Si quieres que te diga la verdad, el mejor recuerdo que guardo es lo que nos queríamos como amigos. Demostrado. Nos cambiábamos la camisa, nos dejábamos 5 pesetas cuando uno no tenía y el otro sí, compartíamos todo a medias, e incluso hemos tenido alguna novia a medias y, al enterarnos, los dos la dejamos porque lo primero éramos nosotros. Poca gente conoce al amigo. Yo tengo el honor no sólo de ser su amigo, sino de considerarlo amigo mío. Éramos el uno para el otro.

 

Escucha "Adiós, adiós" de Vicente López: