Nino Bravo A Fondo

 

Juan Francisco Guillem: "Manolito se convirtió

en Nino Bravo en Catarroja"

Entrevista al primer saxo del conjunto de Nino Bravo, Los Superson

 

Es sábado por la tarde y Juan Francisco, aquél al que hace años sus compañeros del conjunto Los Superson llamaban con cariño "Kuriaki", me recibe amablemente a las puertas de la academia que dirige en el centro de Catarroja. Me invita a pasar al interior, donde descubro sobre su mesa un auténtico tesoro perdido: imagenes inéditas de los primeros años de Luis Manuel Ferri como cantante del que se convertiría en su grupo inseparabale, recortes de periódico e incluso una carta con la que Los Superson se presentaban a las salas de fiestas para su posible contratación por 7.000 pesetas de la época. Le brillan los ojos al recordar aquel período, entre 1967 y 1969, en el que formó parte de la historia de uno de los mayores cantantes de la música en español. Con la promesa de una posterior visita a la casa de la calle José Manuel Izquierdo donde Nino se reunía todos los días con los músicos para ensayar comenzamos a dar rienda suelta a sus recuerdos en forma de entrevista.

 

Juan Francisco, ¿cuándo te incorporaste a las filas de Los Superson?

Fue en 1967. Yo era compañero de Vicente Juesas en el conservatorio y recuerdo que me hablaba mucho sobre el cantante de su grupo que aún estaba en la mili: "he visto a  personas mayores llorar al escucharle cantar". Esas palabras se me quedaron grabadas. Me propuso incorporarme a Los Superson y acepté. En aquel entonces el conjunto estaba formado por Vicente Juesas como organista, Vicente López como bajista y Manuel Llamas en la batería. Poco después decidimos buscar un trompeta para reforzar el metal. Juan Enrique Morellá, un chico de Catarroja, había sido componente de un grupo que acababa de disolverse por lo que, al comentárselo yo, se incorporó al conjunto. Entonces Los Superson acompañaban a otro cantante, Tony Bernan, porque Nino estaba en Cartagena haciendo la mili. En aquel momento se ensayaba en otra parte de Valencia, y llegamos a hacer una grabación de cuatro canciones con Tony.

¿
Cuál es el origen del apodo "Kuriaki" con el cual te nombraban tus compañeros de Los Superson?

 

Por aquella época emitían una serie en televisión,"El agente de CIPOL". En ella aparecían dos policías y uno de ellos, llamado Kuryaki, guardaba cierto parecido conmigo. Me empezaron a llamar "Kuriaki" y así se quedó.

 

¿Recuerdas cómo conociste a Nino?

 

Poco después de romper con Tony Bernan volvió Manolito y se incorporó al grupo. Él ya empezaba a pensar que tenía que ganarse la vida, y se debatía entre dedicarse en serio a cantar o no. Finalmente apostó por la música. A mí me habían hablado mucho de él, pero aún no lo conocía personalmente. Era una persona bastante llana; tenía su personalidad, como es normal, pero era un gran compañero. A su vuelta comenzamos a ensayar en casa de Juan Morellá. En Catarroja se convirtió en Nino Bravo. Ensayábamos todos los días, mañana y tarde. Allí nadie lo tenía como un trabajo extra, nos dedicábamos solo a eso. Incluso hicimos actuaciones por nuestra cuenta durante una época, desde que rompimos con Tony Bernan hasta que Nino se incorporó. Estuvimos un tiempo como orquesta de baile en la Sala Stop de Valencia y también acompañamos a Salomé en la inauguración de la Sala Biyuma.

 

¿Qué es lo que más resaltarías de esta primera época de Nino Bravo?

 

Recuerdo que me impactó mucho la facilidad que tenía para interpretar las canciones. Sólo le hacía falta escucharlas una vez y al momento las estaba cantando. Por cierto, una de las que más recuerdos tengo es "Mi querida mama", una versión de Tom Jones. Claro, imagínate lo que podríamos nosotros saber de inglés en aquella época, pero Vicente López sacó una letra en diez minutos que fue la que Nino cantaría. Esa canción la llevábamos en el repertorio mucho antes de que la grabara en disco, recuerdo hasta el primer día en que la montamos en un ratito. 

 

¿Cómo se organizaban los conciertos de Nino Bravo y Los Superson?

 

Pues en principio se decía que al día siguiente habría ensayo, y a las 10 o a las 11 estábamos en el local tocando las canciones. Siempre procurábamos hacer temas que se adaptaran a su estilo, probábamos cosas antes de decidir una u otra canción. El repertorio que llevábamos era pop-rock. Nos gustaba Wilson Pickett, Tony Bennett... También canciones italianas y alguna versión de Los Canarios. No trabajábamos con partituras porque muchos de los músicos sabían lo justo de notación musical, teníamos que ir haciéndolo todo "de oído". Colocábamos un tocadiscos sobre unos palos de madera, allí poníamos el vinilo y reproducíamos la canción tantas veces como hicieran falta para quedarnos con la música.  Por norma general, quien llevaba la batuta en el montaje musical de los ensayos era Vicente. Manolito aún no conocía a la que después sería su mujer, Mª Amparo, ya que por aquel entonces tenía una novia en Carcagente llamada Maite. Todos los días ensayábamos en Catarroja y, cuando terminábamos por la tarde, cogía el tren a Carcagente para ver a la novia. Así todos los días. A las actuaciones nos llevaba Daniel Senón, un amigo de Sollana que tenía un Dodge bastante grande en el que nos metíamos los seis integrantes del conjunto. Como anécdota, comentar que en el maletero poníamos una manta y un cabezal y nos peleábamos por ver a quién le tocaba ir allí. Ahora uno piensa en lo peligroso que era eso, porque llevábamos un remolque detrás con todos los instrumentos. Lo peor eran los kilómetros que hacíamos y el poco dinero que ganábamos.

 

¿Nino tenía algún tipo de costumbre o hábito al actuar?

 

Antes de subir al escenario tenía por costumbre tomar un vasito de menta con hielo para suavizar, por beneficio de la garganta. A veces, para que Nino descansara en las actuaciones, salía Vicente a cantar y darle un poco de tiempo.

 

¿Cuál es el verdadero origen de su nombre artístico?

 

Se ha hablado mucho de quién le puso el nombre de Nino Bravo. Realmente fue Miguel Siurán. Lo del italiano que vino a casa a verle cantar son tonterías, el nombre se lo puso Siurán. Era el director de la revista Mundo Musical y, a todos los efectos, fue quien lo bautizó artísticamente. Al principio era un cachondeo, porque a él lo de Nino le parecía un poco cursi.

 

¿Cuándo empezásteis a presentaros con su nuevo nombre?

 

La primera actuación que se hizo como Nino Bravo y Los Superson fue en Llíria, en una sala de verano a mediados de 1968. Lógicamente, él no tenía un duro al terminar la mili, así que el dinero de esa actuación se lo prestamos para que lo diera de entrada para el equipo de voces que valía unas 90.000 pesetas.

 

¿Guardas alguna anécdota en particular de este período?

 

Recuerdo la Nochevieja de 1968 que actuamos en Requena. Tocábamos después de las campanadas, y él ya se presentaba como Nino Bravo. Se atrevió a cantar "Méjico" de Luis Mariano y aún se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Nos quedamos todos mirándolo boquiabiertos. Es una anécdota que se me quedó grabada. Hoy en día escucho sus discos y me doy cuenta de que no hay otro igual.

 

Poco después comenzarían las gestiones para firmar con alguna discográfica...

 

Sí, por mediación de Miguel Siurán fuimos a Madrid a hacer unas pruebas a la casa Fonogram. Recuerdo que allí una de las pruebas que hicimos fue para marcar su tesitura, porque Nino tenía un registro enorme. Pero allí no quisieron forzarle demasiado porque pensaban que podría quemarse. Estuvimos toda la mañana en el estudio de grabación para registrar tres o cuatro canciones.

 

¿Cómo dejaste de tocar con Los Superson?

 

En los grupos siempre hay incorporaciones y también hay quien se lo deja. En mi caso, yo lo tuve que dejar y se incorporó otro chico. Al decidir dejarlo tenía que buscar un sustituto, no iba a dejarlos plantados. Yo tenía un compañero en el conservatorio, Paco Navarro, que también era saxo y se lo comenté. El día de la sustitución fue en Sax, un pueblo de Alicante a donde fuimos para actuar sábado y domingo. Recuerdo que la última canción era de Tom Jones, uno de sus ídolos junto a Engelbert Humperdinck. El tema en particular era "Tus Ojos", y durante su interpretación hicimos el cambio. Nino cogió el micrófono y dijo: "Ustedes van a ser testigos de la sustitución de un miembro del grupo que, por motivos personales, nos deja y se incorpora otra persona". Comencé yo a tocar la canción y, a la mitad, le pasé el saxo a mi compañero y él la terminó. Desde entonces no había vuelto a ver a Paco hasta que, hará cosa de un par de años, por casualidad, pudimos reencontrarnos. Él aparece tocando el saxo en la portada del single "Te quiero, te quiero".

 

¿Cómo conociste la noticia de su fallecimiento?

 

Me enteré cuando lo dijeron en el telediario de Televisión Española, que por aquel entonces presentaba Pedro Macía. Fue él quien dio la noticia. Me impactó muchísimo: una persona joven, con una situación como la suya y con quien había vivido tantas cosas... Ahí fue cuando nos dimos cuenta de cómo lo quería la gente. En Valencia, el nombre de Nino Bravo lo conoce cualquier persona de cualquier edad. No solamente de su generación, sino también de las nuevas. A Nino la muerte le pilló subiendo en popularidad, por lo que imagínate cuando meses después salió su canción póstuma "América, América"... Fue un éxito inmediato. Pero Nino hubiera podido dar mucho más de sí. Era un profesional 100%.

 

¿Cómo crees que hubiera evolucionado su carrera?

 

Nino murió cuando estaba empezando varios proyectos. Creo que en aquella época tenía previsto algo en Japón, y yo creo que alli hubiera cuajado seguro. Aunque es una cultura muy distinta a la nuestra, obviamente su voz hubiera gustado cuando le escucharan cantar. Desde luego creo que no se hubiera quedado donde quedó, habría escalado aún más en su profesión, con mayor reconocimiento internacional.

 

¿Por qué crees que Nino Bravo sigue tan vigente hoy en día?

 

Porque todas las canciones que lanzaba eran éxito inmediato; eran buenos temas y él los sabía cantar. Esto queda claro en el caso de "Te quiero, te quiero", que otros grabaron antes que él pero consiguió triunfar con su voz. Coincidió que Nino tenía una voz prodigiosa y además supo encontrar muy buenas canciones. Además, como curiosidad, varios de sus éxitos se continúan entre sí. Si bien recuerdo, "América, América" es la continuación de "Un beso y una flor". Hay tres o cuatro canciones cuyo contenido continúa de una a otra, están enlazadas.

 

¿Cuál es tu canción preferida de su repertorio?

 

Para mí una de las más difíciles que tenía era "Mi querida mama". Es la que más me impacta, y además era la única en la que yo tocaba el clarinete. En todas las demás tocaba el saxofón, pero en esta tocaba un clarinete que aún conservo.

 

¿Cómo definirías a Nino Bravo?

 

Como persona, alguien normal y corriente, muy llano. Como profesional era un artista fuera de lo normal: poder dominar esos altos, esos bajos, esos agudos sin que la canción suene forzada ni se resienta es muy difícil. Tenía una gran personalidad sobre el escenario. Para mí ha sido un honor el haber participado en el nacimiento de un artista que sigue dando que hablar cuarenta años después de su desaparición. Eso no pasa con cualquier cantante...
 


Darío Ledesma de Castro