Nino Bravo A Fondo

 

Alfredo Cot: "Nino Bravo me dedicó la canción 'Mis noches sin ti' el día de mi boda"

Entrevista por Darío Ledesma

 

   Por azares del destino, Alfredo Cot, un joven decorador valenciano, conoció al popular cantante Nino Bravo a principios de 1972, cuando éste se encontraba en lo alto de las listas de éxitos con canciones como "Un beso y una flor" o "Noelia". Gracias a su buen hacer, pronto se ganó la confianza del artista, hasta tal punto de encargarle el diseño de uno de sus mayores proyectos de futuro, la discoteca "Julio Verne". Alfredo ha querido compartir con todos los visitantes de la Web Oficial de Nino Bravo sus vivencias con un cantante que, aún hoy, perdura en el  corazón de todos los aficionados a la buena música.

 

Alfredo, ¿cómo conociste a Nino Bravo?


Lo conocí porque estaban terminándole el amueblamiento y la decoración de su casa, y no estaba muy de acuerdo con algunos muebles, estilos y tratamientos de las paredes. Al parecer, tenía alguna dificultad para hacerse entender o para que la decoradora que le estaba haciendo el trabajo considerase sus gustos y preferencias. Vicente Moya, al que yo acababa de decorar el piso tras una reforma de cierta importancia, me recomendó y me pidió que fuese una tarde para que viese lo que tenía en casa y ver cómo podíamos reparar las cosas con las que él no estaba de acuerdo. Así fue como empezó mi relación con Nino que, lógicamente, duró poco.


¿Qué era lo que Nino quería para su piso?


Él quería cosas sencillas. Quería una casa elegante, limpia… Venía de vivir en un pisito del barrio de Sagunto y, ya casado, quería tener una buena casa, acorde con su posición social. Quería un lugar en el que tener sus momentos íntimos, sus momentos de inspiración. De hecho, tenía una habitación enmoquetada, con las paredes tapizadas a la inglesa con una loneta de color naranja, en la que había un piano y sus discos de oro y platino. Supongo que era su refugio, ese sitio que a todos nos gusta tener en nuestra casa para encerrarnos. Nino quería una casa elegante pero sencilla; nada historiada, nada rococó. El día que fui a verle vi unos muebles que se “salían un poquito de madre”, eran demasiado pretenciosos y no iban con el estilo de Nino. Él quería algo mucho menos ostentoso. En principio le gustaron las sugerencias que yo le di, los cambios que le propuse y se puso a trabajar en esa línea. Supongo que intentaría contactar de nuevo con la decoradora para que hiciera algunos cambios en la línea que yo le había marcado.


¿Alguna vez fuiste a verle actuar?


Sí, precisamente el día de mi boda. “Suco” nos invitó a ver por la tarde una de sus actuaciones en un pueblecito de Valencia. Recuerdo que a mi mujer, Regina, y a mí nos dedicó personalmente la canción “Mis noches sin ti”; incluso la cantó girándose y mirándonos a nosotros, haciéndonos gestos muy personales. Ya te puedes imaginar el sonrojo delante de toda la gente…


¿Cómo definirías sus directos?


Eran contundentes. En muchas ocasiones, la orquesta llegaba a un punto en que se quedaba por debajo por mucho que lo intentase, aunque eso podría ser algo intencionado; todos hemos ido a un concierto y hemos visto el momento en el que la voz de la soprano o del tenor han sobresalido más de lo normal. Pero Nino no tenía necesidad de marcar las pautas de la orquesta, él se ponía a cantar como un Pavarotti de la canción ligera y dejaba a todo el mundo impresionado. Así eran sus directos.


¿Es cierto que diseñaste la tarjeta del bautizo de su primera hija?


Sí. Supongo que fue porque tenía mucho que ver con mi profesión y, en algún momento, hablaría del tema. En ese momento yo tuve mis escarceos con la publicidad y seguramente le propondría un dibujo. Él me sugirió que quería algo relacionado con una cigüeña que viniera de París. Lo que hice fue dibujar una cigüeña que venía en moto con sidecar, en el que viajaba el bebé, Amparo. Alrededor de la moto se pusieron una especie de pequeños bocadillos, de nubes, en los que se mencionaba quiénes eran sus padrinos y algún detalle informativo de la ceremonia. Recuerdo que en el bautizo estuve en una mesa con Pepito Torres, Vicente Torres (que llegó a formar parte del grupo Los Javaloyas), Vicente Moya y su mujer Rosa Mª, y creo que también estaba un chico del grupo Modificación. Nino estuvo muy atento, muy pendiente de las mesas de los invitados. De hecho, hay una foto en la que aparece junto a nosotros. Recuerdo que primero hubo una especie de cóctel en el jardín de Los Viveros y luego hubo una cena más seria en el interior. Al final de la cena nos cantó un ”Noelia” a capella inolvidable.


¿Te pidió asesoramiento en otros proyectos?


Sí. Después de lo del piso me dijo que estaba trabajando en una idea de macrodiscoteca en un pueblo de Valencia. Quería hacer una discoteca “en plan bestia”, con mucho acero inoxidable, mucho cristal… muy futurista, como se llevaban entonces. Me habló del tema, incluso me pidió que me pusiera a trabajar con unos planos que me proporcionó. Yo me puse a ello, estuve aproximadamente un mes y pico trabajando. Nino llegó a ver alguno de los bocetos pero, desgraciadamente, no pudimos culminar el proyecto. En ese anteproyecto ya estaban marcadas las zonas de baile, las barras, la zona de recepción, pinchadiscos, accesos, guardarropía, etc. Después ya trabajé con el proyecto definitivo a una escala mucho más grande, con una mayor precisión. Lógicamente, ese proyecto tenía que contar primero con su aprobación y después reunir a los diferentes industriales para hacer los presupuestos. Esa segunda etapa del proyecto no se llegó a hacer nunca.


¿Es cierto que Nino quería llamarla “Julio Verne” y ambientarla con elementos de las novelas de este escritor?


Sí, es verdad. Cuando he dicho que él quería una discoteca con mucho cristal y mucho acero quizá estaba pensando en esa especie de submarino atómico… No lo recuerdo con precisión pero sí que hablamos del estilo, y los tiros iban un poco por ahí, efectivamente. Quería una cosa muy futurista, rescatar el concepto de las novelas de Julio Verne. Algo como de submarino, como estar viendo a través de unos grandes cristales. No se llegó a hablar, pero seguro que hubiese montado alguna zona con agua o algo de este tipo. Lamentablemente, como muchas cosas de aquella época, no conservo los bocetos del proyecto porque se trabajaba con papel vegetal y sufría mucho deterioro. Lo único que conservo son unos bocetos de unos logotipos que le hice para su club de fans y para su oficina de “Producciones Brani”.


¿Llegaste a visitar esa oficina?


Sí, estaba situada en la calle Isabel la Católica. Fui con Vicente en un par de ocasiones. Recuerdo que al entrar te encontrabas con un pasillo muy largo. Era una oficina con mucho colorido. Había una serie de despachitos y al fondo tenían un despacho algo más grande, una especie de sala de juntas o de reuniones. Creo que la oficina se situaba en la primera planta del edificio, porque esa sala de juntas daba a una terraza. O quizás fuera un balcón grande, no estoy seguro. Pero recuerdo que era una oficina muy alargada con una serie de puertas, de despachos. Muy luminoso todo, con pinturas blancas…


¿Cómo recibiste la noticia de su fallecimiento?


En aquellos días de abril de 1973 estaba naciendo mi hija y estuve muy pendiente del parto de mi mujer. Supongo que lo oiría por la radio o lo vería por la televisión. Creo que esa misma tarde ya traje a mi mujer a casa y nos visitó Vicente. Fue una gran conmoción, yo no recuerdo un impacto tan grande y tan mediático como ése. La repercusión en la época fue espectacular, aquello era impensable.


¿Asististe a su homenaje nacional en la Plaza de Toros de Valencia?


Sí, por supuesto que fui. Recuerdo que fui de los primeros en entrar porque le había pedido a “Suco” que me consiguiera un pase con la intención de moverme libremente por los camerinos y el escenario. Creo recordar que “Suco” estaba al frente del equipo de grabación que estaba grabando el concierto para publicarlo después. Estuve deambulando, hablando con unos y con otros, haciendo fotos a diestro y siniestro... La verdad es que fue una noche especial porque me moví por los vestuarios, me moví por el escenario y tuve la oportunidad de hacer fotos a todos los artistas. Entonces se utilizaban carretes, y lógicamente había limitaciones para hacer muchas fotografías, pero seguro que esa noche tiré 3 o 4 carretes, en plan indiscriminado. Me acuerdo perfectamente de una discusión que tuvo Manolo Escobar con el de Fórmula V, recuerdo a Dova, Víctor Manuel, Mocedades… Me llamó la atención el hecho de que la presentación de los cantantes la hicieran diferentes locutores de Radio Valencia y de otras emisoras de la provincia. Allí estuvieron presentando Rafael Mauricio, Guillermo Ortigueira, Enrique Ginés, etc. Fue algo muy emotivo, y el final fue para ponerse a llorar.


¿Alguno de los cantantes se emocionó especialmente?


Dova. Ella tenía un disgusto tremendo, estuvo llorando casi toda la noche. Se emocionó mucho recordando a Nino.


¿Cómo describirías a Nino Bravo?


Yo lo conocí poco, pero puedo decir que era una persona muy sencilla. A pesar de poseer una de las voces más privilegiadas en el mundo, era alguien muy normal, de la calle. Salvo por su vestuario en los escenarios, que se debía a una etiqueta y rigor determinados, en la calle vestía normal. De las dos o tres veces que estuve en su casa le recuerdo con tejanos y en alguna ocasión con un chándal o algo así. Y personalmente era alguien muy tranquilo, muy relajado. Aunque en aquella época tuviera motivos para estar enfadado con la decoradora se lo tomaba todo con mucha calma. Incluso tuvo la paciencia de hablar después con esta chica y explicarle los cambios que iba a introducir pero con un talante, cordialidad y respeto tremendos.


¿Cuál es tu canción preferida de su repertorio?


“Mis noches sin ti”, por la dedicatoria que nos hizo a mi mujer y a mí.


Hace poco estuviste en su museo, para donar parte de tu colección de recuerdos…


Sí. Hubo algo allí que me llamó mucho la atención. Me sorprendió gratamente reconocer un trofeo diseñado por mí, y que se le concedió a Nino después de morir como el mejor cantante del momento. Yo ni siquiera recordaba que había diseñado un trofeo para Nino Bravo. Lo cierto es que el trofeo estaba allí, diseñado y grafiado por mí, “Importantes del Verano” de la Cadena SER. Antes de ir al museo, si me llegan a decir que Nino había recibido aquella noche un trofeo diseñado por mí como el que recibió Juan Camacho, Juan Bau o Dova, hubiera jurado que no. Pero fíjate qué curiosidad, había otro para Nino.