Nino Bravo A Fondo

 

Nuevo busto de Nino Bravo

Ha sido creado por Miguel Herrero

 

www.ninobravo.net   Desde mediados del año 2009, el cantante Nino Bravo posee un nuevo busto creado a su imagen y semejanza. La escultura, creada por el artista valenciano Miquel Herrero, se suma a la que realizó en 1977 el escultor Alfonso Pérez Plaza.

   Presentamos en exclusiva las imágenes de una obra que recoge el espíritu del gran intérprete, y que ha sido creada desde el respeto y el cariño que la figura de Nino Bravo provoca en toda una generación de admiradores.

   Nadie mejor que el propio autor, Miquel Herrero, para explicarnos el proceso creativo que ha desembocado en este nuevo busto de Nino.

   La materia sólo es materia. La forma sólo es forma. Del abrazo en que ambas se funden nace la idea, nace la pieza; una experiencia sensorial que comienza en una masa de barro y acaba en la pátina del bronce final. Una experiencia que deja huella.

   La realización de cualquier pieza escultórica figurativa, y especialmente si se trata de un retrato, requiere un pormenorizado estudio que trasciende más allá de la fisonomía. Esta preparación previa incurre en los campos del gesto y la personalidad de la persona retratada, indagando en su psicología y tratando de manifestarla abiertamente a través de las formas.

   Sucede, que a veces, además de la conocida carga psicológica del personaje, se busca, a través del lenguaje de la escultura, el modo de transmitir y comunicar conceptos que dada su propia abstracción resultan complicados de materializar. Este es el caso de los conceptos “presencia y ausencia”, que he querido plasmar, en cierta medida en la obra.

   Antes de entrar en materia debo advertir al lector de que al enfrentarnos a una escultura figurativa del tipo “retrato” nuestra percepción debe variar sutilmente. www.ninobravo.netMe explico: Cuando vemos un retrato en pintura, o incluso un dibujo tendemos a reconocer la imagen bidimensional por su morfología, por su forma. Pero además intervienen el potente efecto del color o el claro-oscuro, a los que estamos acostumbrados, haciendo mucho más fácil la tarea retiniana de reconocer al sujeto representado. Esto cambia en escultura. Generalmente algo que no sabemos es que los grandes escultores griegos y romanos pintaban sus piezas una vez que estas eran acabadas, para buscar un mayor grado de verosimilitud. El tiempo, y sus caprichosos antojos hicieron que la mayoría de estas esculturas se nos legaran ya libres de pigmento y de color. En El Renacimiento, los artistas buscaron reencontrarse con las raíces clásicas, y pensaron equivocados que las esculturas de piedra y bronce de la antigüedad clásica habían sido diseñadas con ausencia de todo color. Con el ímpetu de renovación de los cánones clásicos, iniciaron sin saberlo una moda que ha perdurado hasta nuestros días, y que se ha convertido en un estereotipo: las esculturas deben presentarse ausentes de toda coloración incorporada, mostrando exclusivamente la tonalidad y la textura propias de la materia en la que fueron concebidas.

   Esto supuso un nueva problemática para los artistas que debían buscar el parecido a sabiendas de que carecían del elemento “color” determina el peso de las masas y ayuda a hacer reconocible la escultura. Esto se entiende, especialmente cuando observamos la cabellera en un retrato escultórico. La diferencia tonal entre los colores y carnaciones de la cara y los tonos particulares de la coloración de cada tipo de cabellos hacen reconocible a la persona. En la escultura, la ausencia de esta diferenciación de pigmento tiene que estar resuelta por medio de volúmenes y líneas que al producir una serie de sombras generen un trampantojo óptico que de alguna manera simule el efecto de claro-oscuro deseado. Esto mismo suele suceder en los ojos.  www.ninobravo.netEn las esculturas romanas y posteriores, las pupilas se resuelven rehundiendo su forma en un círculo cóncavo que produzca un efecto de sombra, que, con la distancia y una luz focal adecuada simule el efecto de peso de la mirada. Si no viéramos la mirada oscura, y nos limitáramos a representar el ojo el rostro volumétricamente, sin producir ninguna sombra, no soportaríamos la extraña sensación que una mirada “blanca” causaría. Explicadas estos conceptos preliminares sobre la escultura retratística podemos, ahora, entrar ya en materia.

   Partí recopilando algunas fotografías de Nino, y realizando algunos dibujos esquemáticos que me iban a ayudar abordar mi proyecto. Tomé unos cuantos kilogramos de arcilla roja tradicional y me puse a trabajar.

   En el caso particular del busto de Nino, tuve que empezar por resolver los problemas que me iba a plantear la composición (decidir, básicamente, si lo que quería era una cabeza, un busto con hombros, un busto sin hombros, o incluso un torso). Finalmente determiné que me interesaba una cabeza con cuello y una serie de formas orgánicas configuradas por el cuello de la camisa y el pañuelo, que hicieran crecer el busto desde el suelo. Esta solución, no obstante no la elegí desde un inicio, sino que el propio trabajo me la fue pidiendo paulatinamente. 

   El tema del pelo fue otro de las cuestiones que tuve que abordar. Un pelo lacio y liso, como el que solía dejarse Nino, tenía una representación muy sencilla volumétricamente hablando, pero no generaba ese cambio tonal de sombras que antes he comentado. Tras varias pruebas, decidí que amontonando los mechones en pequeños grupos que generaran volúmenes, el efecto de sombreado aparecía, y además resultaba.

   El siguiente problema al que me tuve que enfrentar fue al habitual dilema de la mirada. Dando un vistazo atrás, y rebuscando de nuevo entre los escultores clásicos, observé, que muchos de ellos utilizaban el sistema de ojos vacíos en las piezas de bronce (esto era porque en muchas ocasiones esos huecos eran rellenados con ojos de cristal).

   Observando las fotos que tenía de Nino  advertí que sus ojos eran achinados, y se encontraban resguardados por una potente cavidad ocular intensificada por unas protuberantes cejas. Los ojos alargados, con pupilas pequeñas y oscuras se intensificaban por el efecto de las pestañas, pero esto evidentemente no puede representarse a nivel escultórico. Para generar este efecto, tuve que recurrir al hecho de vaciar los ojos, generando así una mirada sombría que destacaba intensamente sobre www.ninobravo.netel color de la pieza. Esto además incurría en un terreno expresivo que me venía muy bien ya que me ayudaba a retomar el asunto de la presencia y la ausencia.

   Desde mi punto de vista, el busto es una especie de encarnación, en cierta medida de la efigie del cantante, pero queda como un mero recuerdo físico de lo que fue; por decirlo de otra forma queda como receptáculo vacío del alma. Su mirada, perdida, representa la ausencia de hálito, la ausencia de la energía vital. Éste mirar de huecos ojos resulta a la vez enigmático y triste, melancólico y ciertamente lejano y misterioso. Representa también en cierto modo la inmortalidad y el recuerdo trascendental e imperecedero.

   El hecho, por tanto de que el busto tenga esa característica mirada vacía y oscura se explica por el motivo del efecto antes descrito y por la carga conceptual abstracta que engloba los conceptos que acabo de explicar.

   Con esta serie de decisiones tomadas trabajé durante casi dos meses buscando la manera de personalizar el busto y finalmente lo di por acabado cuando me pareció que en cierto modo recogía la esencia física y psicológica del cantante.

   Al busto original en barro le hice un molde de hexaduro y silicona en tres piezas y lo positivé también en hexaduro que luego patiné como bronce.

   Quiero dar las  gracias desde estas líneas a Darío Ledesma por su desinteresada colaboración en el proyecto, por los acertados consejos  y por el magnífico archivo fotográfico que puso a mi disposición.

   El resultado es el que se observa en las fotos. En el momento en el que escribo estas líneas, he preparado un original en cera que aguarda a ser fundido en bronce para quedar así, de manera imperecedera como testigo del devenir de los años y como homenaje a la portentosa voz valenciana que nos dejó en el momento estelar de su carrera.